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Martes 15 d Mayo, 2018
La televisión del conflicto (2005)

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La televisión del conflicto (2005)

En el 2005, el Proyecto Antonio Nariño realizó un monitoreo de las informaciones periodísticas sobre el conflicto armado en Colombia, en las emisiones de 10 noticieros de televisión correspondientes a tres canales nacionales (RCN, Caracol y Canal Uno), tres canales regionales (Tele Antioquia, Tele Pacífico y Tele Caribe) y un canal local (Citytv). El estudio pretendió indagar sobre la presencia o la ausencia de algunos estándares de calidad informativa en el cubrimiento del conflicto armado, mediante las dos siguientes preguntas de investigación: ¿Qué criterios de calidad periodística asociados a la imparcialidad, la pluralidad, la precisión, la claridad y la diversidad de fuentes, temas y puntos de vista están presentes o ausentes en las agendas de los noticieros de televisión que dan cuenta del conflicto armado interno? ¿Qué prácticas profesionales y condiciones sociales de producción noticiosa inciden en la calidad de la información sobre esta problemática?

El interés de esta publicación es presentar los principales resultados del mencionado estudio. Dos propósitos guían este ejercicio. Por una parte, se trata de aportar elementos de análisis sobre las principales fortalezas y debilidades del periodismo televisivo en Colombia con respecto al cubrimiento informativo del conflicto armado. Para tal efecto, en este informe se mostrarán los hallazgos más relevantes de un seguimiento académico al contenido de las informaciones sobre el conflicto armado en los noticieros que hicieron parte del monitoreo, al igual que una serie de testimonios personales recogidos en las salas de redacción de estos noticieros, cuyo objetivo es cotejar algunos de los hallazgos del estudio, desde la propia práctica profesional del periodismo. Por otra parte, nuestro interés es propiciar, a partir de estos resultados y testimonios, un proceso de reflexión, formación e interlocución pública con todas aquellas personas e instituciones que tienen que ver con el proceso de formación, recolección, producción y circulación de la información en el país: empresas periodísticas, directivos, editores, reporteros, fuentes de información, centros de decisión y educación, organizaciones sociales y sectores de la opinión pública regional, nacional e internacional.

Ahora bien, ¿qué sentido tiene preguntarse por criterios de calidad periodística en países que viven situaciones internas de confrontación bélica, que no sólo atentan contra la libertad de prensa y el derecho a la información, sino que además ponen en entredicho principios asociados a la imparcialidad, la exactitud y la pluralidad periodística, mediante llamados que pretenden cerrar filas en favor del “patriotismo” y el control de la información? ¿Qué se espera de los medios de comunicación en este tipo de contextos? Somos concientes del realismo que imprimen las confrontaciones armadas y de la incidencia que éstas tienen en el ejercicio profesional del periodismo, ya sea en Colombia o en cualquier lugar del mundo, pero también de las dificultades a las que se enfrenta cualquier democracia cuando la información se elabora con bajos niveles de calidad periodística que, por supuesto, afectan la credibilidad y la confiabilidad de la sociedad hacia quienes tienen la tarea de interpretar la realidad: los periodistas.

Preguntar por la calidad periodística en el cubrimiento del conflicto armado hace necesario entonces abordar una reflexión ineludible sobre la libertad de prensa: ésta no solamente se juega en el territorio de los derechos para ejercer esa libertad y las condiciones para llevarla a cabo, sin restricciones, ni censuras, sino también en el terreno de los deberes que implica su ejercicio.1 Estos tienen que ver con la necesidad que tienen los medios de comunicación de contribuir a la formación de la opinión pública, es decir, de ofrecer informaciones relevantes, equilibradas, completas y verificables, que además brinden puntos de vista diferentes sobre asuntos de interés público, que pueden ser incluso controversiales, impopulares o desagradables.

Este monitoreo combinó varias estrategias metodológicas de seguimiento a las informaciones del conflicto armado. Por una parte, se acudió al denominado análisis de contenido, que es un método de estudio que de forma sistemática, objetiva y cuantitativa, busca medir determinadas variables en los mensajes de los medios de comunicación,2 en este caso variables asociadas al conflicto armado y los estándares de calidad informativa que hacen parte de la teoría normativa del periodismo:3 imparcialidad, diversidad, exactitud, claridad, entre otros. Es un estudio sistemático, porque los contenidos sometidos al análisis son seleccionados conforme a unas reglas persistentemente aplicadas. Es objetivo, porque las definiciones operativas y las reglas de clasificación de las variables objeto de estudio deben estar lo suficientemente explícitas como para que analistas diferentes, puedan repetir el proceso y llegar al mismo punto. Es cuantitativo, porque el propósito de esta técnica es lograr una representación precisa del conjunto de una serie de mensajes. Como tal busca sintetizar resultados y darlos a conocer con una mayor economía de palabras.

Este método se complementó con la elaboración de bitácoras de análisis, en las que los analistas del equipo de investigación consignaron tendencias generales y observaciones cualitativas difíciles de examinar mediante el análisis de contenido. Concretamente se elaboraron bitácoras de seguimiento con respecto a los siguientes ejes de atención: a) la estructura general de cada uno de los noticieros; b) la “puesta en escena” de las informaciones sobre el conflicto armado; c) la composición narrativa y audiovisual de dichos noticieros; d) las características más sobresalientes de las fuentes y los asuntos de la información que son “noticia”, entre otros.

Así mismo, los resultados obtenidos se cotejaron con una cronología de acontecimientos sobre el conflicto armado, ocurridos en el país durante el periodo de estudio, y con cinco mesas de interpretación llevadas a cabo entre el 9 de abril y el 23 de noviembre de 2005, con el fin, no sólo de socializar los resultados, sino de generar un proceso de reflexión de miradas múltiples sobre los hallazgos del estudio. A estas mesas de interpretación concurrieron directivos, editores y periodistas provenientes de medios de comunicación regionales y nacionales, representantes de organismos de cooperación internacional, organizaciones no gubernamentales, analistas de medios y expertos de la academia. Además de esto, se preparó un glosario de términos con el propósito de fundamentar cada una de las categorías del análisis y de elaborar un manual de diligenciamiento de los datos por parte de los analistas del equipo de investigación.

Por otra parte, este estudio acudió al método de la entrevista en profundidad, que se aplicó a directivos, gerentes, editores, reporteros y corresponsales de los noticieros de televisión analizados, con el fin de complementar el análisis de las informaciones con los relatos de hombres y mujeres periodistas, esto es, sus percepciones, concepciones y opiniones con respecto a las prácticas profesionales y condiciones laborales que posibilitan o dificultan la calidad de las informaciones sobre el conflicto armado en Colombia, en una especie de “tras escena” de la investigación: cómo lo hacen, los que lo hacen. Para esto, se elaboró un cuestionario de preguntas que se aplicó, según los diferentes rangos y perfiles de la cadena de producción informativa: administradores, directivos y periodistas. Las preguntas se orientaron hacia los siguientes ejes de atención: a) empresas periodísticas y políticas informativas; b) condiciones económicas y políticas laborales; c) prácticas profesionales, fuentes y problemas de la información.

Vale la pena destacar que el concepto de conflicto armado interno que acoge este estudio, corresponde al modo en que éste término se utiliza en el ‘Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional’ (Protocolo II). A este respecto, el Artículo 1º, del título I de dicho Protocolo dice lo siguiente: “El presente Protocolo, que desarrolla y completa el artículo 3o. común a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, sin modificar sus actuales condiciones de aplicación, se aplicará a todos los conflictos armados que no estén cubiertos por el artículo 1o. del Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales (Protocolo I) y que se desarrollen en el territorio de una Alta Parte contratante entre sus fuerzas armadas y fuerzas armadas disidentes o grupos armados organizados que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte de dicho territorio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas y aplicar el presente Protocolo”.4 Además es preciso anotar que Colombia es Alta Parte Contratante de los Convenios de Ginebra de 1949 y de sus dos Protocolos Adicionales del 8 de junio de 1977, incorporados en la Legislación Interna mediante Leyes 5º de 1964, 11 de 1992 y 171 de 1994.

Con todo, este estudio no pretende igualar la calidad periodística con la búsqueda ingenua de la objetividad, es decir, con la idea de que existe una única realidad verdadera del conflicto armado, que sucede “allá afuera”, a la que los medios de comunicación deben acceder y reflejar tal cual es. Somos conscientes de que la realidad es una producción humanamente creada y sostenida y que los medios de comunicación más que reflejar la realidad, la construyen, lo que no implica claudicar ante el relativismo del “todo vale”. Nuestro interés, valga insistir, es analizar los criterios de calidad periodística que se aplican, o dejan de hacerlo, para seleccionar, ordenar y valorar tanto los hechos que pasan por el filtro de la “noticiabilidad”, como los diferentes puntos de vista que compiten por su expresión significativa en la sociedad, a propósito de las agendas informativas del conflicto armado interno. Por tanto, hablar de calidad informativa es abordar cualidades que tienen que ver con la confiabilidad y la credibilidad de los relatos que brinda el periodismo.

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